Provoca arresto de Jesús rabia, dolor y lágrimas

 

Por Félix Córdoba

Monterrey.- Una corona de espinas es colocada en su cabeza a modo de burla por los soldados del César. Lo patean. Le escupen al rostro y cuerpo. Le dan con el látigo en la espalda. El dolor y las lágrimas de Jesús de Nazareth no los conmueve.

No le creen que fue enviado del cielo y que él es el Mesías.

Esto mismo sucede 2014 años más tarde. El Santuario de la Colonia Independencia se llenó este jueves de sollozos, de enfurecidos, de rabiosos e indignados que presenciaron la escenificación del inicio de la Pasión de Jesucristo.

“Payaso”, “mentiroso”, le gritaban. “¡Mátenlo!, mátenlo!”. Que muera en la cruz y que cargue su peso hasta el monte calvario, exigían otros. Algunos lo odiaban.

Poncio Pilato se lava las manos para quitarse la culpa. Entonces libera a Barrabás y permite que crucifiquen a Jesús.

Mientras, María intenta escabullirse entre cientos de desconocidos para acercarse a su hijo. Una madre amorosa, una madre dolida y angustiada llora a los pies de quien fue un niño milagroso.

“Han lastimado mi espalda y el peso de esta cruz hiere y llaga mis hombros, me duelen esas lágrimas tuyas, el mayor de mis martirios es este dolor que te causo, madre, esas lágrimas tuyas hieren y quebrantan en mil pedazos mi pobre corazón, mi sacrificio ha de cumplirse”, dijo el joven que representaba a Jesús.

Los soldados la jalan. Ella no se deja y entonces la levantan y la empujan. “¡Debe morir!”, le gritan. “Es lo que merece”, sentencian.

Así fue como 60 personas se prepararon para representar este viernes la Pasión de Cristo a las 17:00 horas en el atrio de la Basílica de Guadalupe.

No importa si llueve o si acuden a verlos 100, mil o dos mil personas, ellos saldrán con el mismo gusto a representar al Viacrucis y muerte de Jesucristo.

De todas las edades. Niños y adultos. Mujeres y hombres. Ricos y pobres. Todos sienten lo mismo. Todos lloran porque hoy ha muerto el hijo de Dios.