¿Constitución Moral o Constitución Política?

Por Samuel Hiram Ramírez Mejía / Maestro de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM

Antes de que inicie su encargo como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos el 1º de diciembre, Andrés Manuel López Obrador desea que esté terminada una Constitución Moral cuya redacción, entiendo, ha sido conferida a cuatro personas ilustres.

El Presidente electo pretende que en ese instrumento se incluyan “principios y derechos de nuestro tiempo como la no discriminación, el respeto a la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas.” Esta propuesta es, desde mi perspectiva, una de las ideas con menor contenido democrático de las que he escuchado del equipo triunfante en las elecciones. Me explico.

Si en verdad López Obrador se toma en serio lo que él ha llamado la “cuarta transformación del país”, aduciendo a que las tres previas en la historia de México han sido la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, si en verdad se lo toma en serio, debe reconocer que estos tres momentos de cambio se expresaron en algún momento a través de una Constitución Política, no de una Constitución Moral. Me refiero, respectivamente, a las Constituciones de 1824, a la de 1857 y a la aún vigente de 1917. Pero todas ellas respondieron a “coyunturas de grandes transformaciones políticas y sociales, tales como la fundación de un nuevo Estado, una revolución o una profunda crisis política o económica.” (Negretto, 2015). Y, también, todas ellas fueron el resultado de la deliberación de asambleas representativas.

En este sentido, ¿podemos afirmar que una elección, por atípica que haya sido, es en realidad un momento político y social que conlleve un cambio constitucional o una cuarta transformación como AMLO lo visualiza? Seamos honestos, la respuesta a esta pregunta debe ser negativa: Un resultado electoral, por legitimador que parezca, no es razón suficiente para justificar la creación de una Constitución Moral elaborada por cuatro personas ilustres sin representatividad democrática electiva.

En todo caso, si reconocemos que México es diferente al que se reconfiguró por medio de la Constitución de 1917, y que, además, nuestro país se ha transformado aún antes de estas elecciones, tal vez sí sea el momento de discutir la pertinencia de una nueva Constitución Política para el país, un nuevo arreglo constitucional en donde nos pongamos de nueva cuenta de acuerdo sobre nuestro destino como una sociedad de derechos, como una sociedad de igualdades, en suma, como una sociedad democrática de nuestro tiempo.

 

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