¿Cuánto me importas?

 

Por Mabia López Villarreal / Psicóloga Especialista en Niños, Jóvenes y Familias

Cuando la vida se vuelve una rutina y parece que todos los días fueran igual caemos en la monotonía y parece que las personas que están junto a nosotros, esos quienes más queremos y que son parte importante de nuestra vida se llegan a confundir con una pared o con un mueble.

Nuestras conversaciones se limitan a lo básico: ¿Ya comiste?, ¡Pásame la sal!, ¡Está lloviendo!… Estamos juntos pero a la vez nuestros pensamientos están por rumbos muy distintos; y puede ser porque tenemos horarios, ocupaciones o intereses muy distintos dentro de la misma familia; y no se trata de los mismos intereses para poder demostrar afecto.

Obviamos la existencia que ni extrañamos la ausencia. Parece que estamos conectados con el mundo pero desconectados emocionalmente; sabemos por las redes todo lo que les pasa, pero no el cómo se sienten.

Conectar es lo que nos permite disfrutar junto con el otro de sus triunfos o llorar juntos las derrotas, como compañeros de vida; sin pretender que las cosas vayan a donde a mi me gustaría, se trata más bien de respetar el ritmo del otro, pero fluyendo hacia donde mismo.

Y es que el hacer comunidad se trata de mantener los puntos que ayudan a la conexión, así como compartir de un deporte, cantar juntos una canción, reír de un chiste, notar y reconocer lo que hace el otro, agradecer por ese detalle de dejarme pasar primero al baño o de cocinar algo para mi. Se trata de decir cuánto me importas con mirarte y simplemente escucharte.

En el caso de los que tienen niños pequeños en casa pareciera que el espacio se fusiona y se anteponen las exigencias y demandas a la capacidad de disfrutar juntos de la misma forma un juego que el aseo de la casa. La vida diaria se teje con responsabilidades y cariño, pero sobre todo demostrando lo mucho que nos importan los que nos rodean.

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