De la borrachera a la cruda, luego a la borrachera

Por Sergio Chapa / Catedrático. Facultad Libre de Derecho de Monterrey

Quien ha tenido una borrachera en su haber sabe de la alegría vivida y el descontento doloroso que ésta tiene cuando termina; esto es lo que llamamos “cruda”; y hasta el más experimentado reconoce o al menos hace práctica, que para evitarla, o no confrontarla; el mejor remedio es seguir en la borrachera, esto es de popular conocimiento; y no ocupamos conocer que más que evitar la borrachera, seguir en ella; sólo hace más fuerte e insoportable la cruda que es la misma realidad de la lenta metabolización de lo que la aparente felicidad etílica representó.

Pues bien, ésta reflexión la tuve, porque estoy tratando de entender lo que significa el problemón ya desquiciado de la designación de los tres honorables fiscales provenientes del Sistema Estatal Anticorrupción; los ya famosos y multimencionados Fiscal General, Fiscal Electoral y Fiscal Anticorrupción; sus designaciones trajeron muchas decepciones; y creo que nuestra sociedad no hemos terminado de conceptuarlo; ¿Fue una designación directa de los diputados partidistas?; o acaso ¿Fue el resultado de escrutinio de hombres dotados de plena conciencia social y especialización en anticorrupción?. Creo que la respuesta ya nos la hemos formulado todos nosotros y los nuevos tres personajes, no creo que salgan bien librados.

En ese ir y venir de propuestas de nombres, protagonistas, aventureros y cómplices insisto; cada quien entiende esta tragedia dependiendo del alcohol bebido y esa negativa a confrontar la realidad. ¿Cómo entendemos que no hace ni un mes, nuestros diputados se comprometían a que el proceso iba a ser incluso más transparente que el agua? Celebramos incluso antes la llegada del flamante Gobernador, que su raíz “independiente” iba a terminar con la corrupción, haciendo quizá lo único que reclamábamos los neoloneses: “que se haga justicia en el gobierno saliente lleno de corrupción”. La reflexión es; ¿Realmente vivimos una realidad social?; o sólo nos la pasamos de borrachera en borrachera evitando la cruda; porque al fin y al cabo dentro de la fiesta reímos, lloramos, nos vomitamos, volvemos a reír, lloramos otra vez y hasta la persona que está a nuestro lado incómodamente termina escuchando “perdóname compadre, pero es que te quiero mucho”.

Hablar de nuestras experiencias nos dice cómo somos en realidad. Las palabras se convierten en una especie de vestimenta donde proyectamos amor u odio, rencor o esperanza. Así, ésta marcada característica nos hace abrir puertas o cerrarlas quizá para siempre. Ojalá nos esforcemos para que nuestros actos y pensamientos sean un atuendo colorido que exprese inteligencia, emoción pero sobretodo mucho pero mucho compromiso; al fin y al cabo es lo que necesitamos para reclamar y más aún, ser participes de nuestra realidad social.

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