El camino que sigue

Por Pedro Pablo Treviño Villarreal / Dirigente estatal del PRI

A diez días de la elección más participativa en la historia de nuestro país (56 millones 508 mil 266 votantes, 63.42% de la Lista Nominal) empezamos a esbozar algunas líneas de lo sucedido.

Lo primero que puedo afirmar es que el 1º de julio, México dio un paso más, fuerte y seguro, en su proceso de democratización. La decisión de las mayorías fue respetada por un gobierno con convicción democrática y avalada por un sistema electoral básicamente ciudadano. Las diferencias, lógicas y obvias en un proceso electoral, tendrán que dirimirse en el marco de la legalidad electoral. Eso es lo que debe prevalecer por el bien de nuestra consolidación democrática.

El que Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia de la República es una muestra clara y contundente de que el voto en México sí cuenta y es respetado.  Un candidato con 18 años de campaña, con un nivel muy alto de conocimiento, logró una victoria clara y contundente. Ahora, veremos si tiene la capacidad republicana de sumar esfuerzos institucionales para mantener el avance en el país.

No me cansaré de repetirlo porque estoy totalmente convencido de que el Partido Revolucionario Institucional tuvo en José Antonio Meade al mejor candidato. El más preparado, el más responsable, el más experimentado.  ¿Por qué perdió el PRI? Por una lógica muy evidente. El ejercicio del gobierno desgasta, genera críticas entre la ciudadanía, muchas legítimas, muchas más interesadas e injustificadas. Hubo errores, sin duda, y esas se habrán de analizar sin el apasionamiento que genera una contienda recién terminada.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto dejará estabilidad económica y financiera que garantiza la transición y da confianza a los mercados mundiales.  El PRI asume la derrota con la responsabilidad que debe tener un partido que encabezó al Gobierno federal: garantizando la estabilidad y la paz social.

Mi partido actuará como ya lo ha hecho en otros momentos: como una oposición responsable y constructiva, como una oposición que anteponga el interés supremo de México. Hacia adentro, nuestro partido, su militancia y sus simpatizantes, habremos de iniciar un proceso de reflexión profunda, un análisis objetivo de las razones por las cuales los ciudadanos nos castigaron electoralmente. Una reflexión serena y prudente. No habremos de permitir que nadie nos quiera dividir, pero tampoco nos vamos a auto flagelar.

Ese es el compromiso que tenemos porque es lo menos que debe hacer un partido que ha sido protagonista de los cambios más importantes y profundos en el México que hoy vivimos.

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