El presidente y sus responsabilidades

Por Francisco J. Siller / Perfiles Políticos / AlMomento.mx

El principal error del doctor Hugo López-Gatell fue abandonar su posición de especialista y científico para convertirse en político primerizo y defensor inefable del presidente Andrés Manuel López Obrador y no sólo me refiero a los datos sobre la pandemia, sino a su contubernio en el manejo de las provisiones sanitarias.

Ejemplo de ello está en el uso de protecciones faciales, sobre todo en reuniones y actos públicos, a los que durante las semanas de mayor riesgo, el presidente se ha negado a usar. Para él, poner el ejemplo a la población no ha sido de importancia y sí motivo de memes, bromas y burlas de propios y extraños.

Pero —como todo tiene un pero— el martes Arturo Herrera, el secretario de Hacienda, informó que dio positivo al Covid-19, por lo que encuentra en cuarentena. Ya antes otros colaboradores del presidente que lo acompañan en las mañaneras (Irma Eréndira Sandoval, Ricardo Sheffield y Zoé Robledo) han dado positivo y la han librado.

Herrera, no sólo acompañó a López Obrador a su gira por Hidalgo y estuvo el lunes en el enroque del director del Banco del Bienestar por la subsecretaria de Gobernación. En fotos y videos se ve a los funcionarios —incluida Olga Sánchez Cordero—, sin ninguna protección y mucho menos respetando la “sana Distancia”.

El presidente forma parte del estrato poblacional en mayor peligro de contagio, por su edad y la hipertensión que lo aqueja, además del par de infartos que ha sufrido en su vida. Las autoridades de salud limitan a los ancianos en su acceso a tiendas de autoservicio, parques y a sitios concurridos.

No es deseable que el presidente se infecte en estos momentos y que, por ello, ponga en peligro su vida. México necesita, en estos momentos de crisis, a un jefe de estado fuerte, lúcido, que conduzca al país con mano firme, pero, sobre todo, con la conciencia de que gobierna para todos, incluso para conservadores y neoliberales, a los que tanto odia.

Por cierto que, Graciela Márquez, la secretaria de Economía, quien también ha estado en contacto personal con Arturo Herrera decidió —aunque no tiene síntomas— encerrarse en su casa en espera de los resultados de la prueba serológica que se hizo para confirmar si está infectada o no.

Cualquiera, en un dejo de responsabilidad a los demás, esperaría que el Presidente de la República tome una decisión parecida, que deje de salir de gira, de tener actos públicos, pero sabemos que eso no es así. AMLO continuará sus actividades como si nada, sin uso de protección facial, solo protegido por sus estampas y su calidad moral.

López Obrador no puede gobernar desde las paredes de Palacio Nacional, o de sus mañaneras donde ve todos los días las mismas caras. Necesita de sus “baños de pueblo”, de los apapaches de sus “amlovers” que deben ver su cara, sus gestos. Debe poder besar a niñas y abuelas y con mascarilla y tapabocas, eso es imposible.

Además, no acepta razones diferentes a las suyas, aunque le demuestren lo contrario. Cree que siempre tiene la razón y que los demás están equivocados. Está totalmente seguro de sus creencias y no se le puede convencer con razonamientos lógicos y es, quizá, por ello que López-Gatell prefirió dejarlo hacer —tapabocas y giras— y cuidar su chamba.

No hay duda que don Hugo es una eminencia en su especialidad, pero en la defensa del gobierno lópez-obradorista ha tropezado constantemente, evitando dar información clara y descartando cientos, sino miles de casos que impactarían en las estadísticas oficiales y que expondrían las fallas en el sistema de salud.

Además, contradecir al presidente no es algo muy recomendable, sobre todo cuando con gran triunfalismo declaró haber domado a la pandemia, o que sus acciones serían ejemplo para los países del mundo y pues, seguirle la corriente y apoyarlo aún cuando desde la óptica de la ciencia médica fuese como “darse un balazo en el pie”.

Es entendible que el doctor López-Gatell no quiera enfrentar la ira del presidente, porque en su futuro cercano está la titularidad de la Secretaría de Salud o de la Dirección General del IMSS, y mucho menos lo arriesgará por un simple tapabocas o por imponer su criterio médico, sobre el político.