El Viernes Santo de todos los días

Por David Jasso Ramírez / Sacerdote de la Parroquia del Rosario en Monterrey

La muerte de Jesús fue un crimen, un asesinato. Fue la ejecución de un condenado injustamente por los opresores y por haberse puesto de parte de los oprimidos.

Los opresores eran todos los poderes oficiales de Jerusalén que desde sus diferentes posiciones se pusieron de acuerdo para eliminar a Jesús, condenándolo por “calentarle la cabeza” al pueblo contra ellos. Jesús tenía socialmente la condición de esclavo y como esclavo lo condenaron a una muerte de cruz.

El pueblo pobre, en su mayoría esclavos también, eran los oprimidos o crucificados de “aquel tiempo”, pero nosotros debemos buscar a los oprimidos de “hoy”, donde está Jesús crucificado, en los crucificados de “nuestro tiempo”.

Hoy los tenemos en las cárceles, en las vecindades y los basureros, en los desempleados y sin prestaciones, en las mujeres maltratadas, en los desahuciados, en los niños muriendo de hambre cada día, en los torturados, en los enfermos desatendidos, en los matrimonios rotos, en los hijos víctimas de la separación de sus padres, en los niños víctimas de abusos, en los homosexuales que son criticados, en los indigentes, en los expulsados de sus países, en los migrantes, en los condenados injustamente. Ellos son los crucificados con sus cruces.

¿Cuándo llegará la hora en que bajemos a “esos Jesús” de tantas y tantas cruces, que hace siglos que deberían haber desaparecido? ¿Quiénes son, hoy los grandes crucificadores de estos crucificados?

Jesús tuvo un Cirineo que le ayudó a llevar la cruz, unas mujeres valientes que lo acompañaron hasta el final, otra mujer decidida que le secó la frente y limpió la cara y unas personas que lo bajaron, ya muerto, de la cruz y le dieron sepultura. ¿Te animas a ser tu quien baje hoy de la cruz a Jesús crucificado en los pobres y marginados?

Sé tú de los que:

Asumen como suya la causa de los pobres y que denuncian las injusticias y a los injustos.

Aceptan vivir austeramente para ayudar a los empobrecidos.

Van a donde están los más pobres de los pobres para conocerlos.

Como voluntarios, dedican, generosa y desinteresadamente, algún tiempo a acompañar a los que más sufren en residencias, hospitales, o en la soledad de su casa, etc.

Anónima pero realmente aportan su ayuda económica para atender las necesidades de los demás.

Desde la política, la administración pública, la empresa y la enseñanza, desarrollan su trabajo con lealtad, honradez, eficacia y compromiso, hasta el punto de hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio.

Sé tú el Sábado de Gloria para los que viven todos los días un Viernes Santo.

 

Contacto: davidjasso@iglesiademonterrey.com

 

Facebook: David Jasso Ramírez

 

Twitter e Instagram: @davidjassor