Gasolinas: del robo al desabasto

Por Fernando Irala / Periodista

El cierre de ductos para intentar controlar el robo de combustibles seguramente logró en el corto plazo su objetivo, pero también produjo como efecto indeseado el desabasto de gasolinas en varias entidades federativas del país.

Pero que no hay desabasto, explican las autoridades, sino un retraso en la distribución por el retorno al envío mediante camiones cisterna, “pipas”, un método más lento de distribución, y más seguro, dicen.

Semánticas aparte, los consumidores hacen largas filas para llenar los tanques de sus vehículos, en tanto la reflexión común no admite réplica: pasamos de los gasolinazos, a la misma gasolina cara pero con retrasos.

Anoche, el embotellamiento tradicional al inicio de la autopista que sale de Toluca rumbo a la Ciudad de México, no era causado por las plazas comerciales situadas a su margen izquierda, sino por la única gasolinera que en las cercanías estaba despachando combustible, en su margen derecha.

Finalmente, el ducto del Bajío hubo de reabrirse, no se sabe si porque ya cayeron todos los huachicoleros, o simplemente porque la situación se tornaba crítica e insostenible.

Lo más probable es que nada se haya resuelto y que sólo se hayan generado molestias y angustias sin sentido a los consumidores.

Los datos de las semanas siguientes nos dirán si de veras el huachicoleo se redujo drásticamente, o si sólo se dieron palos de ciego.

Y así con todos los asuntos torales del país. Cuesta trabajo entender dónde están los planes, hasta que uno termina preguntándose si realmente hay alguno.

 

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