Hijo deseado en China

Por Mariaurora Mota Bravo / Especialista en salud sexual

China es el país más poblado del mundo con 1,300 millones de habitantes, una de cada 6 personas tiene esta nacionalidad, actualmente es la primera potencia económica mundial; además es el mayor exportador de bienes y la primera potencia industrial; lo anterior se debe, a que, durante 40 años, ha sido la economía de más rápido crecimiento en el mundo.

Seguramente hay muchos factores que han contribuido a este logro, yo quiero analizar la política de un solo hijo. El gobierno chino impuso esta política desde 1980 hasta 2015 para controlar radicalmente el crecimiento poblacional. Las personas que nacieron durante este periodo tienen ahora entre 2 y 37 años. Esta política es muy controversial desde el punto de vista de las libertades y los derechos humanos.

Analicemos ahora, las implicaciones que tiene esta política a nivel micro, desde la familia. Durante este periodo, TODOS los niños y niñas que nacieron eran muy deseados; sus padres tomaron la libre decisión de tener y educar a un hijo/a y pusieron todo su empeño en ello. Dos personas adultas dedicadas a criar a este ser: con la mejor alimentación posible, todos los cuidados de prevención y de salud; la mejor educación, tanto formal, informal y extracurricular, en fin, impulsar a una criatura a sacar lo mejor de sí mismo. Este niño o niña, en consecuencia, se convierte en un adulto altamente educado, limpio, ordenado, responsable y finalmente productivo para su país.

Los números oficiales confirman esta situación: en China asiste a la primaria el 98.9% de niños y niñas, mientras que en México asiste solo el 96%. En la prueba PISA, los estudiantes chinos son los mejor evaluados en lectura y matemáticas. En Estados Unidos, los chinos son el grupo más grande de estudiantes extranjeros (127,000) y se estima que para 2030, China tendrá al 27% de las personas con doctorado.

La política de un solo hijo fue posible, porque en China, el aborto es legal y es un servicio que el gobierno ofrece a cualquier mujer que lo solicite. En occidente, estas prácticas a veces nos podrán parecer radicales, sin embargo, debemos reconocer las consecuencias que como sociedad tendremos de tener hijos e hijas cuyo padre y/o madre es un adolescente, y que nació, no como producto de un deseo y decisión consciente, sino de una práctica sexual entre un hombre y una mujer, que no reflexionaron sobre sus implicaciones.

Hago una invitación a cuestionar nuestros modelos de pensamiento cuasi inamovibles y voltear a ver otras opciones que podríamos adaptar.

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