La economía y el capital social en las campañas presidenciales

sócrates rizzo

Por Sócrates Rizzo García / Ex Gobernador de NL y analista político

“Es la economía, estúpido” fue la frase utilizada por un estratega del candidato presidencial Bill Clinton para subrayar la importancia de vincular su campaña con cuestiones cotidianas de los americanos y sus necesidades más inmediatas. En esa contienda ganó Clinton frente al prestigiado presidente Bush que en ese momento tenía un elevado índice de aceptación derivado de la Guerra del Golfo Pérsico.

Cuando hablamos de la importancia de la economía y del empleo pensamos en la percepción que diferentes grupos sociales tienen de su bienestar personal y las expectativas para sus hijos.

En la época del “milagro económico” -desde la posguerra hasta principios de los setenta -el desarrollo económico de México era señalado como el ejemplo a seguir en países latinoamericanos. Pero a principios del gobierno de LEA se empieza a notar el agotamiento del modelo se sustitución de importaciones, la baja productividad de las empresas paraestatales y su efecto negativo en las finanzas públicas.

Yo me iniciaba como Economista en NAFINSA como asesor de David Ibarra y recuerdo que José López Portillo empezó su gobierno con excelentes ideas  para corregir  las distorsiones y desequilibrios económicos, pero se olvidó de eso cuando se  incrementó  la extracción petrolera – recodemos  Cantarell – y se elevaron  los precios internacionales del hidrocarburo, generando  un importante excedente petrolero que, en lugar de usarlo para subsidiar las reformas estructurales y guardar una reserva para la “época de las vacas flacas”, se propició el  dispendio e indisciplina económica: caímos en lo que los economistas llamamos “la enfermedad holandesa”. Ese primer auge petrolero creó la percepción de que México ya era rico y los asesores de JLP se preguntaban: “que tan difícil será manejar la abundancia”. A finales de dicho sexenio se cayeron los precios internacionales del petróleo y México entró en una severa crisis.

Miguel de la Madrid empezó su gobierno en las más críticas condiciones y se comentaba que había dicho que “recibía una economía como en estado de guerra”. Durante todo su período presidencial la economía registro un crecimiento nulo y a diferencia del sexenio anterior, inició los primeros cambios estructurales en la economía y las finanzas públicas, que después habría de continuar CSG y recientemente EPN. El estancamiento económico y la persistente inflación prevalecientes durante el sexenio de MMH, sin duda influyeron para que el candidato Salinas obtuviera 50.4 % de la votación, en comparación con el 83 % de LEA, 91 % de JLP y 71 % de MMH. Y continuó esa tendencia a la baja, llegando a lo que Diego Valadez llama la época de los “presidentes minoritarios”: Zedillo obtuvo el 48.7%, de los votos, Fox 42.6%, Calderón 36 % y EPN el 38.2 %, con  las implicaciones que eso tiene  para  la  gobernanza.

Las reformas estructurales responden a una visión de largo plazo mediante el fortalecimiento de la competencia y la economía del mercado libre. Para contrarrestar sus efectos negativos se requiere de un contrapeso consistente en una fuerte inversión en Capital Social -como le llamaría Robert Putnam – y con esto empoderar de manera organizada a la comunidad más necesitada para influir en las decisiones de gobierno. Esto lo hizo   el gobierno de CSG con el Programa Solidaridad, a través del cual los gastos en infraestructura social estaban sujetos a las preferencias, colaboración y supervisión de la comunidad organizada. Con esto se conseguía detectar las verdaderas prioridades sociales y darles legitimidad a los programas de gobierno. Desafortunadamente este ingrediente de organización comunitaria fue cancelado en el siguiente gobierno de Zedillo, que en aras de una “eficiencia administrativa” el programa social social se transformó en transferencias monetarias a las tarjetas de débito, que beneficiaban a los más pobres, pero cancelaban el empoderamiento social.

En esas nuevas condiciones, las decisiones de inversión en infraestructura social se devuelven a la cúpula y a funcionarios intermedios de la burocracia. Parecería que los gobiernos se olvidaban de que el poder que tienen es prestado ya que el poder le pertenece al pueblo. Esto fue generando distorsiones en el diseño de la comunicación al inspirarse en el enfoque clase- mediero de los burócratas. Los nuevos tiempos electorales deben aprovecharse para empezar a organizar el empoderamiento de los sectores populares y favorecer una gobernanza democrática del poder ejecutivo en sus diferentes órdenes de gobierno.

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