La naturaleza de los asteroides

Por Pablo Lonnie Pacheco / Miembro de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa

A partir del hallazgo de Ceres –el primer asteroide descubierto, en 1801- empezó a develarse la existencia de una numerosa e insospechada familia de objetos pertenecientes al Sistema Solar, pero eran tan pequeños, que algunos se refirieron a ellos como “planetas menores”. Así, antes de 1809, tres asteroides más: Pallas, Juno y Vesta, fueron descubiertos. En 1845, se añadió el hallazgo de Astraea y desde entonces, casi todos los años se sumaron nuevos integrantes. Hoy en día, las tecnologías permiten descubrir varios asteroides por semana.

¿Cómo es posible conocer mejor estos cuerpos, si sólo los percibimos desde la Tierra como un débil puntito luminoso? En primer lugar, y tras observarlos por varias semanas, es evidente que la mayoría se desplazan en trayectorias que los ubican entre las órbitas de Marte y Júpiter. Y si se rastrea su movimiento el tiempo suficiente, resulta evidente que Júpiter, con su gravedad, ha contribuido a repartirlos en regiones de “mayor circulación” mientras que otras están relativamente vacías (los vacíos de Kirkwood).

¿Acaso son los asteroides fragmentos de un planeta que explotó? Recuerdo que en cuarto grado de primaria me plantearon esa conjetura, pero lo cierto es que si bien se han observado más de 300 mil asteroides, éstos son tan insignificantes que -aun juntándolos todos- no seríamos capaces de hacer un cuerpo celeste ni siquiera del tamaño de la Luna.

Con todo, es verdad que se observan verdaderas “familias” de asteroides que parecen haberse dispersado a partir de un cuerpo progenitor. Y sí, una colisión entre asteroides mayores puede multiplicar los fragmentos, que luego seguirán trayectorias similares.

Cuando un asteroide se monitorea el tiempo suficiente, se observa que su brillo fluctúa periódicamente, como si las regiones iluminadas fueran irregulares (una esfera uniforme, aunque rote, refleja siempre la misma cantidad de luz), así entonces, se dedujo que no sólo eran pequeños sino que sus formas eran caprichosas, como una patata.

En mi siguiente participación, hablaremos de la exploración de los asteroides.

Contacto: pablolonnie@yahoo.com.mx