La nueva estructura de los hogares mexicanos

Por Juan Ignacio Barragán Villarreal / Urbanista

Una transformación gigantesca y trascendente está ocurriendo silenciosamente en nuestro país. Una trasformación que nos incumbe a todos, con repercusiones en la forma de vivir, la forma de consumir, incluso la forma de crecimiento de la ciudad. Hablamos del cambio de la estructura de los hogares mexicanos.

Para explicarnos van algunas cifras: En 1980 se registraban 4.4 divorcios por cada 100 matrimonios, la cifra aumentó a 7.2 en 1990 y a 7.4 divorcios en 2000. Pero en los últimos 16 años, la cifra se elevó espectacularmente a un promedio de 25.7 divorcios por cada 100 matrimonios. En ciertas entidades la cifra es superior. Por ejemplo, en la ciudad de Monterrey se alcanzaron 36 divorcios por cada 100 matrimonios en el año 2015; cerca del promedio de EU de 41%.

Pero hay más cifras destacables. En 1990 el número de hogares familiares donde el estado civil era de casados, era de 77%, y la unión libre representaba 12.4%. Para el año 2010, los hogares de parejas casados habían disminuido a 63% y las parejas en unión libre crecido a 22%. Conforme a la tendencia el promedio nacional de esta nueva realidad debe de estar alcanzando cerca de 26% en la actualidad.

Y no solo es un tema de parejas, pues se involucran también a los hijos. Así, en el 2000 el 54.1% de los recién nacidos venían de madre casada, 29.3% de madre en unión libre y 8.5% de madre solteras. Para el año 2016 los hijos de mujer casada disminuyeron a 30.4%, mientras que crecieron los hijos madre en unión libre a 49.2% y los de madre soltera a 12.4%. Con niveles extremos en CDMX o Puebla.

¿Qué significa todo esto? Por sí mismo, nos habla de un proceso creciente de desintegración de las familias tradicionales, y de un incremento de los hogares no formales y/o unipersonales. Todo esto trae consecuencias en cuanto a la estabilidad económica de los hogares familiares, con una reducción de la capacidad de consumo. Pero también involucra posibles repercusiones en la estabilidad emocional de los hijos, riesgo de caer en adicciones o en actitud antisociales.

Incluso tiene consecuencias sobre el desarrollo urbano. Pues los divorciados buscan más un departamento bien ubicado en lugar de una casa unifamiliar, a causa del mantenimiento. Mientras que las parejas en unión libre, que no pueden acumular ingresos, tienden a buscar viviendas o departamentos en arrendamiento, en zonas centrales, en lugar de comprar casas unifamiliares en la periferia.

¿Cuál es el origen de esta transformación? No se sabe a ciencia cierta. Algunos la asocian a los cambios en la conciencia colectiva que han traído las redes sociales, y la globalización de las ideas. En todo caso, se trata de una revolución que está modificando nuestros patrones de vida colectiva a un ritmo que tiende a acelerarse.

¿Estaremos preparados?

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