La Pascua: el paso a la vida

Por Pbro. Felipe de Jesús Sánchez

La resurrección de Jesús representa algo mucho más importante que un milagro ocurrido hace 2000 años.

Durante todo este tiempo pascual, las lecturas de la misa nos enseñarán que la nueva vida que experimentaron los apóstoles también está destinada a todos los fieles.

En efecto, todos podemos ser transformados de la misma manera impresionante en que lo fueron estos primeros discípulos, y nuestro testimonio puede ser tan poderoso como el de ellos en el mundo de hoy

Pero, ¿cómo recibimos esta vida nueva? Especialmente si fuimos bautizados cuando éramos pequeñitos, ¿cómo podemos empezar a experimentar la sorprendente declaración de San Pablo en la que dice el Señor “nos dio vida” (Efesios 2,5)? La respuesta es sencilla: la recibimos por la gracia del Espíritu Santo, que se nos ha dado en el Bautismo.

Solamente Él tiene poder para volvernos a crear y llenarnos de las bendiciones del Dios todopoderoso. Por eso, durante esta temporada de Pascua demos una mirada a la acción del Espíritu Santo y al poder con el cual nos da vida y nos hace “nuevos”.

¡Un gran milagro!
Esta vida nueva en el Espíritu está íntimamente relacionada con unas pocas verdades esenciales que encontramos en la Sagrada Escritura.

La primera es que el Hijo de Dios se hizo hombre para que pudiera enseñarnos acerca de la vida que desea comunicarnos a todos. La segunda verdad es que Jesús no solamente se hizo hombre por nosotros; también murió por nosotros, para que fuéramos rescatados de nuestra “antigua” vida de esclavitud al pecado. Finalmente, habiendo vencido al pecado y la muerte, Jesús resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, y ahora derrama sobre nosotros la vida nueva de su Espíritu Santo.

¡Un milagro espléndido!
Somos ahora una nueva creación. ¡Nada menos que hijos e hijas de Dios todopoderoso! Esto significa que podemos conocer personalmente y en forma íntima y directa el amor del Padre. Más aún, por ser hijos suyos, somos también sus herederos.

Ya no estamos atados por las limitaciones de nuestra naturaleza humana caída; ahora podemos recibir el poder del Espíritu para vencer también al pecado, reanimar el corazón de otras personas para que se acerquen al cielo y ser instrumentos del poder sanador y de la misericordia de Dios en el mundo.

Pero lo mismo que sucedió en aquella época, también puede suceder hoy día. La vida nueva en Cristo sigue estando directamente vinculada al poder y los dones del Espíritu Santo, por eso, en el grado en que los creyentes de hoy pongamos obstáculos a la obra del Espíritu Santo en nosotros, permaneceremos “muertos” en nuestra vida antigua.

Pero si permitimos que el Espíritu actúe libremente en nuestro corazón para enseñarnos, reanimarnos y llenarnos de su vida, su amor y su paz, recibiremos una nueva “vida” que nos renovará por completo.

Dones celestiales, frutos espirituales
La temporada de Pascua es perfecta para recibir una nueva porción del Espíritu Santo; es el tiempo adecuado para adoptar esta nueva vida de una manera más completa siendo más dóciles a la acción del Señor. Ahora, si hacemos todo esto, ¿qué podemos esperar?

Queridos hermanos, Jesús fue el hombre de vida más completa y perfecta que ha existido en este mundo. Cada momento de su vida estuvo marcado por una alegría, una dedicación y una visión que provenían de su unión perfecta y total con el Espíritu Santo.

Lo extraordinario de esta noticia para los creyentes es que esta misma vida nueva y poderosa está a disposición de todos los fieles.

El Señor quiere que todos estemos “plenamente vivos”. Vivamos pues a la luz y con la fuerza del Espíritu y observemos con admiración cómo esta vida nueva se despliega en nuestro propio corazón.

 

Pbro. Felipe de Jesús Sánchez Gallegos

Titular de la Parroquia de Santa María Goretti