La pérdida y el duelo

Por Vereniz Moguel Robles

En el transcurso de nuestras vidas experimentamos múltiples situaciones en las que vivimos pérdidas, éstas se presentan en todas las áreas de nuestro desarrollo como seres humanos:

Biológicas: Nacimiento, muda de dientes, adolescencia, vejez, etc.

Físicas: Caída del cabello, amputación de un miembro del cuerpo, deformaciones, etc.

Sociales: Cambios de lugar de radicación, quiebre económico, divorcio, etc.

Materiales: Robos, incendio, pérdida de objetos, etc.

Emocionales: Partida de los hijos, muerte de amigos y seres queridos, etc.

Mientras vamos recorriendo nuestro camino de vida vamos dejando una estela de pérdidas grandes y pequeñas, teniendo como resultado múltiples duelos directamente proporcionales a lo perdido.

El duelo está determinado por todas aquellas emociones, sensaciones, pensamientos, acciones que se presentan ante la vivencia de una pérdida; lo podemos reconocer porque nuestras emociones son desagradables y estas son congruentes con lo que se está viviendo, NO EXISTEN etapas en la vivencia del duelo ya que cada uno de nosotros viviremos nuestras pérdidas de una manera muy particular y que es imposible comparar con las pérdidas de otra persona.

Las etapas de duelo que han establecido algunos autores incluyendo a la Dra. Elisabeth Kubler Ross, solo han sido parámetros de estas actitudes, emociones, pensamientos, etc., que le dicen a la persona ¡SÍ, ESTÁS EN DUELO!

Las emociones que acompañan la vivencia del duelo son las menos comprendidas por nuestra sociedad, en esta sociedad que niega a la muerte, también niega el duelo, las personas que acuden a acompañar y dar el pésame al doliente regularmente busca por todos los medios dejarlo “tranquilo” dándole instrucciones como: “Tienes que ser fuerte…”, “Debes dar gracias…”, “Tienes que entender…”, “Dios así lo quiso…”, “Fue lo mejor…”, etc., palabras de uso común en nuestra sociedad carentes completamente de empatía y que provocan desde un estado de enojo, rechazo, indignación, hasta soledad e incomprensión en la persona a quién son dirigidas ya que se utiliza un mensaje intelectual a una vivencia emocional.

Frecuentemente estas palabras y las reacciones sociales provocarán que la persona viva su proceso de duelo en aislamiento, a puerta cerrada, ya que la sociedad también dicta que para el duelo se tiene un tiempo, a veces tres días hábiles (tiempo que se justifica laboralmente hablando), después todo tiene que volver a la normalidad.

Sin embargo el duelo real comienza cuando el familiar regresa a casa y empieza a extrañar a su ser querido en su cotidianidad y pese al deseo social con el tiempo el hoyo de la ausencia se va haciendo más grande.

El ser humano por naturaleza tiene el don de poder vivir y superar el duelo, la manifestación de las emociones desagradables (llanto, enojo, impotencia, sufrimiento, cansancio, estómago cerrado, náuseas, etc.) es la representación de ese camino que se está comenzando a recorrer, que no tiene tiempo, que no tiene límite y que es necesario vivir.

La expresión de estas emociones es la vía natural para transitar por el duelo hasta que éstas se hayan agotado y de repente el doliente se sorprenda sonriendo o en paz.

El término del duelo NO es el olvido de lo perdido, es ese momento en el que la persona HA RECONSTRUIDO su vida sin aquello que ya no está más.

Siendo el duelo un proceso tan natural y universal, es difícil de creer que nuestra sociedad no eduque para vivirlo, que no estemos educados para aceptar las manifestaciones emocionales congruentes con éste, observando comúnmente personas tratando de hacer COMO SI NO PASARA NADA, entablando una batalla cruenta entre su ser doliente y su ser social, llevándolo muchas veces a manifestaciones somáticas del sufrimiento como colitis, gastritis, contracturas, y esto a veces es lo menos ya que la sentencia de UN DUELO QUE NO SE VIVE, ES QUE SE ACUMULA, viviéndose doblemente en la siguiente pérdida o crisis en la vida.

La forma, la magnitud, la vivencia de un duelo se va agudizando dependiendo de múltiples factores como tipo de pérdida, grado de apego, dependencia, edad del doliente, y además todas aquellas características que podrían haber ocasionado algún trauma en el familiar por el tipo de deceso.

Si la vivencia de un duelo se hiciera particularmente difícil de vivir, es de suma importancia acudir a terapeutas-tanatólogos que son los profesionistas certificados para dar la mejor atención con diversas técnicas para acompañar y dar sostén ante tal experiencia, aún si el duelo tiene años de haber sucedido.

Cuando una persona que ha vivido una pérdida la vive conscientemente, con ayuda o no de la mano del autoconocimiento, aprende a vivir la vida en todas sus dimensiones.

A DISFRUTAR los momentos felices y mágicos de la vida y a SUFRIR en los momentos en que le ha tocado perder, viviendo así LA VIDA INTEGRALMENTE.

 

Lic. Vereniz Moguel Robles

Licenciatura en Psicología por la UNAM

Especialidad en Psicoterapia Gestalt para Adultos Centro Gestáltico de Montevideo / Diplomado en Tanatología Universidad Iberoamericana, Monterrey

Socia Fundadora y Directora del Centro de Tanatología Elisabeth Kubler-Ross, México S.C.

Catedrática invitada en diferentes Instituciones como la Facultad de Psicología de la UANL, Hospital Christus Muguerza Sur, Instituto de Psicoterapia, Valle de la Paz, Universidad Iberoamericana Saltillo y Centro Gestáltico de Montevideo, Uruguay.

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