Mercados financieros, preocupados

Por Gerardo Flores Ledesma / Periodista

Los mercados financieros siguen tensos y estresados, especialmente el bancario, luego de que las calificadoras también los han puesto en una situación de revisión y de vulnerabilidad, aunque presuman fortaleza en sus estados contables y niveles de capitalización.

El hecho de que Moody’s, S&P o Fitch Ratings coloquen en situación de alto riesgo para que México pierda su grado de inversión, coloca a los bancos comerciales, a los de segundo piso, a las aseguradoras, afianzadoras, arrendadoras, casas de cambio, de bolsa, factoraje, entidad es de ahorro y préstamo, así como a Sofomes y Sofoles, entre otros, bajo la lupa de un desgaste innecesario, de disenso y de claras posibilidades de desviaciones en las variables económicas, más allá de lo que realmente nos debiera ocurrir.

El problema es tan profundo y la preocupación tan acentuada que priva desánimo y desgaste de cara a la 82 Convención Bancaria que organiza la Asociación de Bancos de México (ABM), y que se llevará a cabo el 21 y 22 de marzo próximos, en Acapulco Guerrero, la cual será clausura por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Se habían sentido ambientes tensos y de incertidumbre al interior del bloque bancario que opera en el país en sexenios pasados, pero nunca como ahora. Esperado siempre es el mensaje del secretario de Hacienda en turno, ahora en la persona de Carlos Urzúa, sobre la evolución de las finanzas públicas y su plan para mantenerlas sanas.

Hay incluso rechazo callado hacia la próxima dirigencia de la banca, en manos de Luis Niño de Rivera, no sólo porque es uno de los mandos supremos e indiscutibles en Banco Azteca, sino porque será esa institución la que se encargue de la distribución de todos los recursos de los programas sociales y de los negocios del nuevo gobierno.

Eso, sin duda, acalambra a los banqueros que sirven en México a los capitales del exterior y que sabemos, en su mayoría, no dejan aquí sus ganancias, sino en sus naciones sede. La mayoría de las inversiones productivas no fluyen desde el seno de la banca y que sus utilidades han sido monumentales desde que comenzó el presente siglo y centuria. Eso lo sabemos.

Hay que entender que cada gobierno del color o escudo que se quiera ha tenido su banco sexenal preferido, y que el régimen en turno es quien toma las decisiones. Por eso, a la edición 82 de la Convención Bancaria le tocará lidiar con los que ya fueron preferidos y los que ahora son los elegidos. El asunto es que se pongan de acuerdo en temas torales que sí pueden afectar la economía del país.

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