Microbiota Humana: Nuestra salud depende de nuestros microbios

Por Michel Martínez Reséndez / Médico Internista e Infectólogo / Presidente del Colegio de Infectología de Nuevo León

En el primer capítulo de su libro “Cazadores de Microbios”, Paul de Kriuf bien narró que Anton van Leeuwenhoek fue quien se “…asomó por vez primera a un mundo nuevo y misterioso, poblado por millares de diferentes especies de seres diminutos (bacterias), algunos muy feroces y mortíferos, otros útiles y benéficos…”.

Han transcurrido más de trescientos años del gran descubrimiento del microscopio; Leeuwenhoek probablemente jamás imaginó que los avances tecnológicos nos permitirían reconocer que las bacterias pueden ser aliadas para muchas actividades de la vida diaria, como la digestión.

Cerca de 48 billones de bacterias habitan el cuerpo sano, y menos del 1% tienen potencial de generar enfermedad. Este conjunto de bacterias se denomina microbiota, antes conocida como flora intestinal, presente en distintas partes del cuerpo. Sin embargo, no es la misma la que se encuentra en la boca a la que veremos en el intestino o el tracto urinario. Asimismo, ésta cambia con la edad y depende de factores, como la dieta (no sólo la actual, sino también, la que tuvimos cuando éramos bebés), la convivencia con animales y la exposición a antibióticos.

Cada vez surge más evidencia que relaciona alteraciones en la microbiota humana con enfermedades; tal es el caso de la diabetes, enfermedades del sistema inmune, enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson e inclusive cáncer. No es de sorprender, por lo tanto, que la comunidad científica ha enfocado esfuerzos para el estudio de la manipulación de la microbiota como potencial tratamiento para ciertas enfermedades.  Ejemplo exitoso de esto último, es el empleo del trasplante de materia fecal para el tratamiento de infección recurrente por Clostridioides difficile, (bacteria asociada al mal uso de antibióticos).

La manipulación y restauración de la microbiota es más compleja de lo que podríamos imaginar, va más allá del consumo de probióticos, e implica un verdadero cambio de vida. Invito a reflexionar y cambiar el paradigma de creer que todas las bacterias son malas, pues de ellas depende en gran medida nuestra salud.

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