Miles celebrarán o repudiarán asunción de Trump

Por Redacción

Washington.- Esta capital se convertirá mañana viernes en el centro de la atención nacional y mundial cuando Donald Trump asuma como presidente número 45 de Estados Unidos, además de que evidenciará la profunda división nacional que surgió tras los pasados comicios.

Junto con los cientos de miles de personas que se congregarán en la Alameda para presenciar la ceremonia de traspaso de poder, cientos de miles más participarán en marchas a favor o protestarán por la llegada de Trump a la Casa Blanca, e incluso algunas se extenderán hasta el sábado.

La concentración de más de un millón de personas durante la juramentación de Trump como presidente número 45 de Estados Unidos y las protestas representarán un reto para las autoridades locales y federales que tendrán a su cargo la seguridad, y las cuales han solicitado ya refuerzos para esta tarea.

Se espera que unos tres mil policías de comunidades vecinas apoyen los trabajos de la policía municipal, además de cinco mil elementos de la Guardia Nacional provenientes de estados vecinos, quienes fueron autorizados para poder realizar arrestos en caso de ser necesario.

Además del despliegue de fuerzas del orden, las autoridades han colocado barreras de concreto y vallas metálicas para controlar el paso de las multitudes en una amplia zona del primer cuadro de la ciudad, y emplearán pesados camiones de carga como obstáculos para prevenir ataques terroristas.

Gran parte de los recursos humanos y físicos se desplegarán a lo largo de la ruta sobre la avenida Pensilvania, que Trump y su esposa Malenia recorrerán al final de la ceremonia de inauguración en ruta hacia la Casa Blanca, para presidir el desfile cívico y militar en su honor.

La amplia zona protegida por el cerco de vallas metálicas y barreras de concreto separará a los manifestantes de los cientos de miles de simpatizantes de Trump, quienes se trasladaron desde diversos puntos del país para atestiguar la histórica fecha.

Muchas de las protestas tendrán como punto de coincidencia el rechazo hacia el nuevo presidente, pero los temas serán diversos yendo desde migración y refugiados, salud, educación, armas de fuego y la legalización de la mariguana.

Los organizadores de esta última manifestación, quienes protestarán por la designación de James Sessions como procurador general de Justicia, planean regalar cuatro mil 200 cigarrillos de mariguana durante la ceremonia de juramentación de Trump, y exhortarán a estas personas a encenderlos.

Bajo las leyes de la ciudad, la posesión de hasta 1 onza de mariguana está despenalizada al igual que el consumo y el cultivo privado, pero no así fumarla en público.

Sin embargo, la alcaldesa de la ciudad, Muriel Bowser, dijo que la policía no arrestará a quien sea sorprendido fumando mariguana en la calle, pues su enfoque será garantizar que las manifestaciones sean pacíficas.

“Esa no será nuestra primera prioridad”, indicó la edil al ser cuestionada al respecto durante una rueda de prensa.

La mayor de las manifestaciones está prevista para el próximo sábado, cuando unas 250 mil mujeres marchen por las calles de la capital en defensa de la despenalización del aborto, las políticas reproductivas y aquellos temas donde se percibe una actitud hostil del nuevo gobierno.

Hasta ahora, las protestas en contra de Trump parecen haber evidenciado un mayor nivel de entusiasmo que el que muestran sus simpatizantes.

Proyecciones tempranas apuntan a que la asistencia a la ceremonia de juramentación en la alameda podría rebasar las 900 mil personas, pero la cifra quedaría muy debajo de los 1.8 millones que atendieron la primera toma de protesta del presidente Barack Obama en 2009.

La apatía parece haberse extendido incluso hasta las personas que optaron por quedarse en sus casas.

Un sondeo del Centro de Investigaciones Pew reveló que este año menos estadunidenses seguirán por televisión la ceremonia de transferencia de poder, en comparación con el entusiasmo en las de Obama y William Clinton.

Apenas un 46 por ciento de los estadunidenses entrevistados entre el 4 y 9 de enero dijo que planea ver la ceremonia, en contraste con el 67 por ciento que lo hizo con Obama en 2009 y el 57 por ciento de Clinton en 1993.