Monterrey en la guerra por la Independencia

Por Héctor Jaime Treviño Villarreal / Historiador

El 29 de septiembre de 1810, siendo Manuel de Santa María, Gobernador interino del Nuevo Reino de León, llegó a estas tierras la noticia del movimiento insurgente, particularmente lo ocurrido en el pueblo de Dolores, donde el Sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla encabezó la rebelión.

Pronto las versiones se difundieron por todo el reino. En el campo, la simpatía por el movimiento revolucionario fue arrolladora, gran cantidad de indios y mestizos que estaban en las haciendas, misiones y ranchos empezaron a inquietarse. Muchos de ellos recibieron castigos y sanciones, por lo que huyeron a las sierras cercanas y se unieron a diversos grupos rebeldes.

El levantamiento de indígenas en algunos de los principales centros mineros de la región fue inminente, así como el avance de los ejércitos insurgentes hacia el norte. Ante ello, el Gobernador Santa María inició los preparativos para la defensa de Monterrey y alertó a todos los destacamentos militares de la región. Santa María mantuvo comunicación constante con Manuel Iturbe, Gobernador de Nuevo Santander, hoy Tamaulipas, y con Antonio Cordero, Gobernador de Coahuila, a fin de preservar el orden.

El Obispo Primo Feliciano Marín de Porras, quien residía en Saltillo, impuso penas eclesiásticas al que se declarara insurgente y se uniera al movimiento. Félix María Calleja, Jefe del Ejército realista solicitó tropas a Santa María para defender San Luis Potosí y conformar una gran fuerza que acabara con los rebeldes.

Fueron tres los contingentes enviados a San Luis Potosí: una compañía dirigida por el Capitán Francisco Bruno Barrera, otra por José Domingo Castañeda y una más a las órdenes de Andrés Guajardo. En total sumaron doscientos hombres conducidos por Pedro Herrera y Leyva, quien tenía el cargo de Segundo comandante militar del Nuevo Reino de León. Su destino lo veremos en el artículo “El avance insurgente a Monterrey”.

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