Monterrey, la ciudad que cava su propia tumba

Por Guillermo Martínez Berlanga / Ecologista

Durante los momentos más escabrosos de la segunda guerra mundial, algunos de los soldados alemanes, tomaban a cientos de prisioneros de los campos de concentración, y entonces en una tétrica marcha los llevaban a algún despoblado. Acto seguido les hacían cavar lo que eventualmente se convertiría en la propia tumba de aquellas desdichadas almas. Pocas veces había resistencia por parte de los condenados, resignados y disciplinados cavaban hasta que la profundidad era adecuada. El resto se lo pueden imaginar.

Quizá pueda parecer que esta anécdota poca relación tiene con nuestra ciudad, la Sultana del Norte. Sin embargo si hacemos un análisis más detallado encontraremos muchas similitudes. Durante los últimos tiempos, la contaminación en nuestra metrópoli ha venido en aumento. La calidad del aire se mantiene pésima, más de la mitad del año, el aire que respiramos nos envenena poco a poco.

Si esto no bastara, tenemos una clase política que en su mayoría poco o nada ha hecho por mitigar estos problemas. La depredación del bosque La Pastora, la devastación del Parque Fundidora, las invasiones a diversas zonas de la sierra en Picachos, el agandalle por unos millones a nuestros cerros y un sinfín de cosas más, son solo algunos de los sucesos que han pasado por la mesa de nuestras autoridades sin que a casi nadie le interese el tema.

Nuestro Estado siempre poniendo la economía por delante, ha olvidado que el bien más preciado es la vida. Nos hemos entregado sin chistar a una clase empresarial que contrario a la tendencia mundial verde, pareciera seguir enfocada en llevarnos como lo hacían los nazis a un despoblado… a cavar nuestra propia tumba, todo por unos pesos. Por si fuera poco no solo nos mostramos sumisos, sino que cavamos con todas nuestras fuerzas. Toleramos todo esto sin abrir la boca, desechamos las ideas verdes por considerarlas “tontas” y le ponemos en bandeja de plata nuestras vidas a quienes lucran a costa de la salud de todos.

Nuestro Estado necesita medidas urgentes de reforestación masiva, se requieren auditorías ambientales serias, debemos mudar a energías más limpias, poner en cintura a los concesionarios de transporte para que este sea más sustentable. Nuestra zona metropolitana debe dejar de depredar sus espacios verdes, y nuestra cultura debe mudar de anteponer el dinero ante todo, hacia una conciencia que nos permita llegar a la sostenibilidad.

Los números no mienten y de seguir ignorando todas estas alarmas, de aquí al 2030, habremos terminado de cavar nuestra propia tumba y nuestra ciudad se habrá convertido en un cementerio tóxico lleno de concreto.

La pregunta es: ¿pensamos despertar como sociedad, o seguiremos cavando lentamente nuestra propia tumba?. La respuesta se fraguará en los próximos años y entonces deberíamos poder mirar atrás al pasado y decir con orgullo que cuando fue el momento de salvarnos, no nos quedamos quietos. Se nos acaba el tiempo.

Contacto: gmtzberlanga@hotmail.com