Mucho sueño y poco descanso, la travesía de dormir en familia

Por Mabia López Villarreal / Psicóloga Especialista en Niños, Jóvenes y Familias

Cuando tienes hijos ya nunca vuelves a dormir bien, decían mis tías; y ¡cuánta razón tenían!

Nos preparamos desde la cena, el baño, aseo de dientes, poner el traje de noche más cómodo y ahora sí todo listo para disputarse el mismo rinconcito del colchón más cómodo o donde hay más ventilación.

Es momento de entregarnos a los brazos de Morfeo y una vocecita nos trae de vuelta al plano terrenal: dame agua, ráscame, prende la luz, ven a mi lado, tengo miedo… Y ahí vamos atendiendo las demandas en modo zombie buscando llegar nuevamente a la cama para seguir con lo que habíamos comenzado y dormir tan plácidamente soñando con las próximas vacaciones hasta que llega sin previo aviso tu despertador; es un pie a la cara y una rodilla encajada en la costilla. Y así la noche transcurre en acomodar a todos a la posición inicial hasta que nos sorprende la mañana más cansados de lo que estábamos por la noche.

Ésta es la escena de muchas familias que han adoptado el colecho o cama familiar como una estrategia para dormir y que están batallando para encontrar descanso y creen que deben rendirse a la letanía de: tener hijos es dormir mal.

Si bien existe mucha controversia entre los beneficios de dormir todos juntos, la práctica nos demuestra que cuando toda la familia comparte la misma cama: afecta en la relación de pareja porque la intimidad se abstiene en presencia de los hijos, hay un sueño ligero en padres e hijos, las posturas para dormir causan dolores y malestar en cuello y espalda.

La afectación para los niños más directa son pesadillas y terror nocturno debido a las fantasías que se desarrollan porque su oído queda activo y no pueden dar significado a lo que los padres hacen cuando se supone que los niños “no nos escuchan porque están dormidos”. Aunado a una dependencia porque se han habituado a la cama de los padres y no quieren dejar el terreno ganado para irse a su habitación, mientras los padres siguen ideando el momento en que esto último suceda y al mismo tiempo que se cuestionan si dar individualidad es una forma de abandono.

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