Partidocracia (Parte III)

Por Salvador Benítez Lozano
Abogado

Los Partidos Políticos representan sus propios intereses y no los intereses del Pueblo.

Cada uno busca posicionarse y acomodar a sus militantes más leales y probados en puestos de todos los niveles, sean o no de elección popular.

En la actividad legislativa, las diferentes fracciones imponen su voluntad ya sea porque tengan la mayoría o alianzas negociadas con otros Partidos.

Lo más patético es verlos aprobando cuentas públicas cuestionadas y exonerando administraciones o políticos señalados por actos de corrupción.

En la mayoría de los casos, los funcionarios para organismos autónomos se eligen a través de negociaciones secretas sin importar su capacidad, sino para repartir cuotas de poder.

Las designaciones, salvo honrosas excepciones, favorecen a personas cómplices del sistema que actúan simulando cumplir con la función para la que fueron designados.

Esto lo vemos en fiscalías autónomas, magistrados en los tribunales de justicia, comisionados electorales, miembros de sistemas anticorrupción y auditores superiores, entre otros innumerables casos. Incluso en las elecciones municipales las candidaturas para Regidores se asignan, no por la honestidad o preparación que puedan tener las personas propuestas, sino por cuotas dentro de los Partidos.

En conclusión, y dado que el sistema de competencia partidista en México no está basado en la calidad y capacidad de las personas, sino en los méritos y complicidades que se tengan en el Partido, vemos que los mismos políticos cambian de un puesto a otro y son todólogos; también como lo dijimos anteriormente, brincan abiertamente de un Partido a otro.

¿Representar y proteger al Pueblo? Para qué, lo importante es la supervivencia del Partido y mantenerse dentro del presupuesto público.

Continuaremos la próxima semana.

sbenitez@qyq.com.mx