Pensiones para una vejez digna

Por Carlos Carrasco Sánchez / Catedrático de Economía de la UDEM

Los cambios demográficos han hecho necesarias las reformas a los regímenes de pensiones. Tradicionalmente, los trabajadores en activo contribuían al pago de las pensiones de los trabajadores retirados. No obstante, la disminución en la proporción entre trabajadores en activo y trabajadores retirados ha hecho que ese esquema sea insostenible.

En México, los dos grandes cambios en el régimen de pensiones se dieron con las reformas de 1997 para el IMSS y de 2007 para el ISSSTE. En este nuevo esquema, cada trabajador tiene una bolsa de ahorro que se incrementa mediante aportaciones contributivas. Al final de la vida laboral, el trabajador retirado tendrá una bolsa de ahorro que deberá ser administrada para vivir el resto de su vida.

Si bien, con el esquema actual no existe la presión financiera propia de los sistemas tradicionales, el nuevo sistema presenta diferentes problemas. Por una parte, el trabajo informal hace que una proporción importante de los trabajadores no tengan acceso a este esquema de pensión. Por otra parte, la tasa de reemplazo, especialmente baja en el caso de México, hará que el ingreso de muchos pensionados no les permita cubrir sus necesidades básicas. Para algunos de los trabajadores, la pensión que recibirán podría rondar entre 20 y 30% de su último salario.

Por tanto, una parte importante de los adultos mayores de los próximos años no tendrá un ingreso por este tipo de pensiones (independientemente del programa Pensión para Adultos Mayores) o su ingreso por pensión será tan bajo que no les permitirá tener una vejez digna.

En 2021 comenzarán las primeras jubilaciones con el régimen de 1997. El reto es evitar que el futuro de México sea de una población envejecida y pobre.

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