Semana Santa 2020

 

Por Pbro. José Manuel Guerrero Noyola / Rector del Templo de los Sagrados Corazones de Jesus y María en El Uro

Amigos, este año celebraremos la Semana Santa “de otra manera”, y no solo por la pandemia que amenaza nuestra salud, sino porque buscando una mejor manera de creer queremos celebrar estos “Días Santos” de forma más sencilla, utilizando signos que nos conduzcan a la contemplación del misterio divino. Creo que es indispensable celebrar una Semana Santa donde agradezcamos profundamente el amor que Jesús nos ha dejado, la esperanza que pone en nuestras vidas en tiempos de coronavirus y la paz que puede brotar, si vivimos estos días compartiendo con nuestras familias que están dentro de casa y también con todas las personas que están necesitando de nuestra solidaridad. El Papa Francisco y los obispos nos están haciendo el llamado de “quedarnos en nuestras casas”, esperando al Señor que va a pasar por nuestras calles dejándonos esperanzas.

El Domingo de Ramos, tomemos ramas o flores en nuestras manos y aclamémoslo festivamente. Este día, se entrecruzan dos sentimientos bien diferentes, por un lado la alegría de recibir y aclamar a Jesús en el pórtico de la Semana Santa y, por otro lado, la visión que tenemos de que, la pasión, es lo que al final le espera.

Hoy lo recibimos con palmas los mismos que, en Viernes Santo, gritaremos ¡crucifícale!, ¡crucifícale!. La vida está sembrada de contradicciones. Envuelta en adhesiones y deserciones. Probada por fidelidades e infidelidades. Y, nosotros, en el Domingo de Ramos, manifestamos que ciertamente, la Pasión, sólo la puede retar alguien como Jesucristo. Alguien que, como él, esté dispuesto a perdonar, olvidar ofensas, cobardías y falsos juicios. Se hace presente Dios y es aclamado por el pueblo sencillo, en su entrada a Jerusalén.

El Jueves Santo, celebremos con los nuestros el mandamiento del amor, lavémonos mutuamente los pies y expresemos lo mucho que nos amamos. El Viernes Santo, con el crucifijo que tengamos en nuestros hogares, demos gracias por su entrega amorosa y por su testimonio de fidelidad a Dios. El Sábado de Gloria, encendamos luces dentro de nuestros hogares, entonemos cantos de alabanza y celebremos la Fiesta Pascual, recordando que esta celebración es la más importante para todos los cristianos.

Y durante el tiempo litúrgico de la Pascua que dura 50 días, hasta la Fiesta de Pentecostés, vivamos el gozo de creer, de servir y de compartir solidariamente, como aquellas mujeres que anunciaron, sin temor alguno la Resurrección del Señor.

De misma manera, pidamos fuertemente la acción del Espíritu Santo, para que movidos por su irrupción, seamos apóstoles valientes que anunciemos al mundo la Vida Nueva que hemos recibido en Jesús resucitado. Las tareas pendientes son muchas, urge reconstruir nuestras ciudades dejando atrás nuestros egoísmos y favoreciendo la fraternidad comunitaria.

Necesitamos volver a unirnos, por encima todo lo que nos divida y aspirar juntos al bien común que garantice la vida plena para todos y todas.

Contacto: jose_manuel_guerrero@hotmail.com