Semana Santa: ¿qué tendría que pasar en nosotros en estos días?

Por David Jasso Ramírez / Sacerdote de la Parroquia del Rosario en Monterrey

La semana es el período de tiempo estándar utilizado para los ciclos de días de trabajo y de descanso en la mayoría de las partes del mundo. Culturas ancestrales, cada siete días celebraban algo especial en relación con la deidad. En particular las religiones descendientes de Abraham (judíos, cristianos, católicos, por ejemplo) definen el origen de la semana como el tiempo que tardó Dios en crear los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos según el libro del Génesis en la Biblia.

Frases como: “esta semana queda listo…”, “necesito una semana de descanso…”, “con una semana tengo…” indican que los seres humanos tenemos en nuestro inconsciente colectivo la cantidad de “siete días” para que sucedan las cosas, para dar el “último estirón” o bien para que algo pase.

Estamos por comenzar la Semana Santa: ¿qué tendría que pasar en nosotros en estos días?

Comencemos diciendo que de ese acontecimiento como de cualquier otro, se pueden presentar distintas lecturas. Presento aquí tres, que Enrique Martínez Lozano (www.enriquemartinezlozano.com) explica:

  • En el plano histórico, la cruz es consecuencia del poder autoritario, religioso y político (romano, judío) capaz de eliminar a una persona inocente porque, sencillamente, les molestaba. Jesús asume la cruz como consecuencia de la fidelidad a su propio mensaje y la vive en actitud de entrega amorosa.
  • En un plano ético, la cruz proclama el compromiso de luchar por la justicia, poniéndonos, amorosa y eficazmente del lado de los crucificados. Es lo que vimos en la persona de Jesús, cuya existencia estuvo marcada por la compasión y la predilección por los últimos.
  • En el plano simbólico o profundo, por un lado, la cruz habla de muerte y resurrección. En todo momento de una manera consciente o no, estamos muriendo y resucitando: desde las células de nuestro organismo hasta nuestras ideas, todo se halla en proceso de constante cambio. Por otro lado, la cruz es una invitación a vivir la muerte, cualquier muerte, de tal manera que sea oportunidad para que nazca la vida en una nueva resurrección. Finalmente, la cruz es símbolo de “muerte del yo”: cuando el yo es “crucificado”, se abre camino la “resurrección” a nuestra verdadera identidad.

Dicho esto, ¿qué tendría que pasar en nosotros en estos días? Creo que tendríamos que comenzar por aceptar la cruz de Jesús como una invitación a reconocer las dos caras de nuestra realidad, pues siempre estamos en un proceso de nacer y morir y volver a nacer. Que muera en nosotros el desánimo, el estrés, la depresión, todo lo malo… y que resucite en cada uno la esperanza, el amor, la libertad y la paz que viene de Dios.

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