Sin origen ni destino

Por Gregorio Ortega Molina

Lo peor que puede ocurrir a un gobierno, es que se llenen las manos de los funcionarios de migración de menores de edad, cuyo origen es desconocido porque viajan sin papeles, cuyo destino es incierto, porque, indefensos, procederán de acuerdo a las oportunidades de supervivencia que encuentren, en medio de la prostitución, del narcomenudeo o del hambre que una vez satisfecha hace sombra al miedo.

Mienten las autoridades de Estados Unidos y las mexicanas al anunciar supuestas soluciones al problema de niños que requieren cuidados múltiples y costosos, pero carecen de lo esencial: una familia.

Anunció Gobernación que en un mes creció 260 por ciento el tránsito de menores no acompañados, lo que no es comprobable, o deliberadamente falaz, pues los funcionarios del Instituto Nacional de Migración carecen de los recursos humanos y materiales para establecer un registro de las personas que ingresan al país por la frontera sur, en tránsito hacia “la jaula de oro”.

El drama se transformará en tragedia, porque las autoridades migratorias estadounidenses disponen todo para deportaciones escalonadas, incesantes; esos menores, cuyo origen se desconoce, se enfrentarán al peor de los destinos, pues sin ser suficiente encontrarse sin hogar, tampoco serán receptores de afecto, y muy pronto pueden convertirlos en instrumentos de placer, en esclavos laborales, en “halcones” para los narcos, en sicarios, al igual que “El Ponchis”.

Pero, de permanecer en los centros de detención estadounidenses para migrantes indocumentados, ¿les irá mejor? De todos es conocido el racismo y la sevicia que enseñorea en el personal de ese servicio estadounidense.

Lo anterior significa que esos menores están atrapados en el peor de los mundos; huyeron de hogares, de violencia, de abuso sexual, del hambre. Creyeron encontrar una luz en el camino, pero entraron a la más oscura de las realidades.

Dejó anotado algo sobre el tema María Zambrano, en Persona y democracia avisa: “El alba es la hora más trágica que tiene el día, es el momento en que la claridad aparece como herida que se abre en la oscuridad, donde todo reposa. Es despertar y promesa que puede resultar incumplida. Mientras que el ocaso se lleva consigo el día ya pasado con la melancolía de lo que ya fue, mas también con su certidumbre y su cumplimiento. Y el hombre jamás es cumplido, su promesa excede en todo a su logro y sigue en lucha constante, como si el alba en lugar de avanzar se extendiese, se ensanchase, y su herida se abriese más profundamente para dejar paso a este ser no acabado de nacer”.

De este tamaño es el problema que Barack Obama y Enrique Peña Nieto tienen en las manos.

Fuente Al Momento