Una buena y una mala

Por Julio César Puente Ledezma / Presidente Ejecutivo del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Nuevo León

A mitad de la semana pasada norteña, el estado recibió las calificaciones que la ciudadanía otorgó a sus gobernantes por sus gestiones. Al respecto, no es novedad que quienes aprobaron abonen a su ejercicio como justas y legales las notas relevantes de su actuar en el entorno comunitario.

Como se dice en algunas contiendas, en la esquina contraria, brotan las descalificaciones de los no favorecidos, con argumentos reiterativos que, en el peor de los casos, confirman que el ánimo social y su debido análisis están en lo cierto.

Hasta aquí el escenario de lo que ahora sabemos y, si como lo anunciamos líneas arriba, tenemos una buena noticia, ésta corresponde a lo que resulta de la correcta aplicación de las metodologías y herramientas de que ahora disponemos para conocer la manera de pensar de los ciudadanos en todos los niveles.

De lo que ocurre en la vida cotidiana, desde que inician sus actividades hasta que regresan a casa luego de pasar por un largo peregrinar de fallas del transporte público, inseguridad en las calles, problemas de movilidad, contaminación, servicios precarios de salud, bajos salarios, corrupción, complicada y poco eficiente oferta educativa, cuya respuesta por ahora, está distante para dar satisfacción a los destinatarios, ávidos de mejoras.

Partiendo de lo anterior, considero que en los diversos escenarios de la vida pública siempre hay amenazas y oportunidades, y bueno sería que una vez conociendo cuáles son las fallas, sepamos generar las estrategias y seguidamente ponerlas en acción. Aquí está el punto de partida: que las autoridades fortalezcan su sentido de responsabilidad, se asesoren de expertos, dejando de lado a los aduladores —no siempre gratuitos— y sin descanso actúen una y otra vez midiendo los avances, trasparentando las acciones y además dando cuenta puntual de los recursos económicos empleados.

Rectificar —modificar estrategias, ajustar programas, depurar cuadros— recordando siempre que por mandato constitucional el pueblo es el mandante permanente. El gobernante, mandatario pasajero.

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